Te apuesto que no lo sabías

Nuestra mente nos miente.
Para poder funcionar de manera cotidiana, debemos asumir que sabemos más, de lo que realmente sabemos. Como así?

Imagina que vas caminando hacia tu cuarto, a buscar tu teléfono que dejaste allí. Vas desde la cocina. Asumes que todo sigue igual, cómo lo dejaste. Podrías recorrer el mismo trecho con los ojos cerrados. Puedes visualizar adonde esta tu teléfono, a la par de una revista sobre tu mesa de noche. Todo esto es mentira. Maquinaciones de tu mente para que puedas hacer lo que te has propuesto. Quién te asegura, que tu cuarto no desapareció en un hoyo  hecho por una tubería rota, o que un árbol no le cayó encima o que tu teléfono no se cayó y se rompió?

Nuestros sentidos son confiables, pero luego que nuestros sentidos no están siendo expuestos a lo estamos observando-tocando-saboreando-oliendo-oyendo nuestra mente es quien se encarga de retener la información que hemos obtenido. La mente, lo asocia- le pone el filtro de nuestras prejuicios y lo empaqueta y guarda en una categoría preestablecida.
Muchas veces sin embargo nuestra mente nos juega sucio y nos miente.

Nuestra mente no solo cambia grandes cantidades de información. Podemos verlo incluso cuando Dios acababa de crear la tierra, y las escrituras solo se resumían a una o dos oraciones que Dios le había dado a Adán:

Génesis 2:16-17 “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

Estas fueron las palabras de Dios.
Sus lineamientos, sus mandamientos, su ley se resumían en: No comer del Árbol.
Quién no diría? -“Yo eso ya lo sé” -“Es solo un mandamiento, lo hemos estudiado tanto… -“Qué más hay que saber de él?”

Dios le dio este mandamiento a Adán. Probablemente él no hizo lo suficiente para enseñarle a su esposa las palabras de Dios. Probablemente, en su mente, esto era algo tan simple, tan trillado, tan vastamente estudiado, tan repetido que “no era necesario” seguir estudiándolo.

Cuando la serpiente habla con Eva, podemos ver que aunque era una oración, Eva no sabía lo que Dios había dicho.

Génesis 3:2-3“Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.”

Ciertamente la serpiente “no mintió” a Eva. Ellos no iban a morir físicamente, pero sí espiritualmente. Todo por no seguir estudiando las escrituras.

Déjame proponerte lo mismo, solo que acerca de los mandamientos de Dios hoy.
Lees Juan 3:16 o lo recitas a velocidad de locutor de radio y ya no lo piensas. Leemos los 10 mandamientos y los relegamos a las películas de semana santa.

El no estudiar, confiar, y seguir las escrituras al pie de la letra nos trajo a vivir en este mundo, continuar con lo que nuestros primeros padres nos enseñaron, puede llevarnos a repetir la historia.

Nos Vemos Pronto